El perfume se estructura como una partitura musical. Se mezclan distintas “notas” aromáticas de forma equilibrada y proporcionada.

A la mezcla de notas podríamos llamarla acorde aromático. Estos acordes crearán una sinfonía única; es en esta sinfonía cuando el perfume adquiere una identidad propia y distintiva.

Un perfume no solo integra esencias, sino que encontramos en su composición diversos elementos, entre ellos: absolutos, moléculas químicas definidas, resinoides, aceites esenciales, etc.

Antes de comenzar con la creación del perfume, hay que tener claro qué componentes utilizaremos y para qué. Estos componentes seguirán un orden íntimamente relacionado con la configuración del perfume. Esta configuración se divide en tres etapas, y las determina el tiempo en que tarda una materia prima o ingrediente del perfume en evaporarse. Son las siguientes:

  1. La salida o cabeza. Integra los componentes que se evaporan más fácilmente, y será lo que primero percibamos de un perfume. Estos componentes suelen ser: los cítricos, los agrestes, frutales, notas verdes, etc. Estas notas de salida suelen aparecer durante los primeros quince minutos de la utilización del perfume, aunque se pueden seguir apreciando hasta dos horas después. Casi siempre tomamos la decisión de elegir un perfume u otro basándonos en esta “salida” de aromas; es importante esperar y oler todas las notas antes de decidirnos.
  2. Cuerpo o corazón. Integra los componentes que tardan un poco más en evaporarse, y es el lazo de conexión entre las notas de salida y las de fondo. Es muy importante darle un buen “cuerpo” al perfume, ya que de él dependerá la “personalidad” de dicho perfume. Además, debemos concederle la duración precisa que permite acceder a la base. En el corazón del perfume encontramos las materias primas florales y los componentes químicos que obtenemos de forma natural de dichas flores. Estas notas aparecen a partir de los primeros quince minutos. Es de suma importancia darle esos primeros quince minutos al perfume para conocer las notas de cuerpo, ya que estas duran entre seis y ocho horas. Generalmente suelen ser como máximo estas horas el tiempo que solemos estar en el trabajo, en una fiesta, un evento, etc. Es decir, el tiempo que necesitamos desprender un agradable aroma. Es trascendental tenerlas en cuenta, ya que este será fundamentalmente el aroma que desprendamos durante este tiempo.
  3. Base o fondo. Esta es la parte más pesada del perfume. Encontramos aquí, lógicamente, los elementos a los que más les cuesta evaporarse, es decir, las moléculas más consistentes. Estos ingredientes son los que facilitan a las notas de salida y a las del cuerpo una evolución más lenta en su evaporación. Son, por lo tanto, estas notas de fondo las que ponen el toque final al perfume. Aparecen como a las tres horas de usar el perfume. Son las que más perduran en cualquier lugar donde las depositemos, ya sea la piel, una prenda, un ambiente determinado, etc. Aunque
    aporten el aroma final, no debes olvidar que siempre destacará más el cuerpo del perfume.

A veces el perfume no depende únicamente de las notas que lo componen. En muchas ocasiones pueden actuar como variante en el aroma de nuestro perfume la piel de la persona, el ambiente en que se mueva, las prendas que se usen, otras cremas o geles utilizados antes del perfume, etc. Las sinfonía de notas puede ser variada. Por eso es importante hacer algunas pruebas antes de decantarnos por un perfume concreto. Si vas a comprar un perfume ya preparado, primero llévate una pequeña muestra y pruébala al menos tres días para ver cómo reacciona ese perfume, y si realmente causa el efecto y desprende el aroma que te hizo decantarte por él.